domingo, 24 de febrero de 2013

Del guerrero humano al guerrero orco, o como elegir PJ sin tener ni idea

Marmaduke, el guerrero humano con el que empecé a jugar, a imitación del guerrero humano con el que había jugado en el juego de rol de El Señor de los Anillos, comenzó su existencia aventurera matando kobolds en una mina cerca de Goldenshire aporreando el botón derecho, como si eso diese un bufo de haste. Las estadísticas se parecían a las de los juegos de rol clásicos pero ¿qué era eso de Hit, Expertise, Haste, Armor Penetration... y tantos números más? Esto era más complicado que simplemente tirar los daditos. Hay que darle rápido al botón, a ver si se muere el kobold.

Pasados uno o dos días de masacres absurdas de kobolds, contrabandistas y murlocs me pilló jugando un viernes tarde un chaval, cliente habitual y que terminaría trabajado en la tienda. Se emocionó al ver el WoW en uno de los equipos de pruebas. "¡Anda, juegas al WoW, loool!". Miró lo que estaba haciendo yo y rápidamente me apartó del teclado. "¿No has puesto las habilidades en la barra? ¿No has visto que tienes el equipo rojo y que tienes que reparar? Eso gris no te sirve, tienes que venderlo." Y así. Lo de abrir combates cargando y tener varios golpes para meter, por no hablar de las potis de vida, fue como empezar un nuevo juego. Marmaduke progresó con algo más de alegría, hasta morir en una colina cercana a Westfall, creo recordar. Haciendo el tonto me fui para una zona de más nivel, pero ya no me preocupé. El último recuerdo que tengo es luchar contra unos piratas sobre colinas de hierba seca y a la sombra de una atalaya abandonada. Pero yo no podía ser de la Alianza.

Cuando comenté con los colegas del local que ya había probado el WoW quedó claro que continuaría. Y como a los pocos días era mi cumpleaños el regalo obvio era el Battlechest. Pero para que uno de ellos pudiese tener la cebra de Recluta a un Amigo tenía que ser una cuenta nueva, así que esa cuenta de prueba, junto con Marmaduke, caducó y quedó en el limbo.

Como no había jugado los Warcraft y no conocía la historia no tenía ni idea de qué facción elegir. Pero para eso el que me reclutó me dijo "te tienes que hacer un personaje de la Horda en Tyrande". "Pero hay otros reinos que pone que son para nuevos jugadores". "Si quieres jugar con nosotros te lo tienes que hacer en Tyrande". Así que no había opción: tenía que ser Horda de Tyrande.

Como veterano lector de Tolkien tenía a los orcos y trolls por criaturas malvadas, y me chocaba que fuesen razas jugables. Es más, todavía entonces pensaba que de algún modo éramos "los malos", como cuando eliges bando terrorista en el Counter Strike. Los tauren no me atraían para nada, los trolls me parecían feos, los no-muertos me daban (y aún dan) grima, y como quería hacerme un guerrero, porque era lo único que conocía del juego, ya no podía ser elfo de sangre. Así que sólo quedaba orco. Guerrero orco. Guerrero orco en una época donde el Valle de los Desafíos todavía era un desafio.

Visto con la perspectiva actual morir en el Valle de los Desafíos resulta ridículo. Al salir de allí, esa fortaleza ocupada por guerreros de Kul Tiras era un auténtico reto: mata de uno en uno, corre, come, que no te vean, a otro, rápido al portón, ¡joder, dos!, mata, entra, mata, escaleras...¡qué es esto, cómo voy a matar a estos tios!!! No quiero hacer el esfuerzo de recordar cuantas veces morí en esa fortaleza, supongo que hasta que apareció otro grupo y nos liamos a matarlos juntos.

De la época de cuando jugaba al Civilización recuerdo especialmente los inicios de las partidas, cuando ponías el mapa y sólo veías nueve casillas de un mundo inmenso. Avanzando por Durotar me sentía igual. Tanto territorio por descubrir: Sen'jin, Razor Hill, esas masacres de lagartos, de harpías, en esa tierra dura y esteril. Y de repente, al norte, una gran mole. Unas murallas altas como 20 orcos. Y tanta gente con el nombre en azul (al menos siempre supe distinguir los PJs de los PNJs). ¡Cuanta gente a nivel 80! Con el pobre Marmaduke había descubierto Ventormenta, y ciertamente es impresionante, sobre todo antes de que las estatuas fuesen derribadas. Pero Orgrimmar me pareció más viva, tal vez por ese trazado caótico, casi de ciudad orgánica que ha crecido por la voluntad de la gente, y no por la mano fría de un urbanista trazando planos.

El guerrero orco sigue siendo el main, y sólo tengo un ali a nivel 7. A pesar de haber elegido sin saber, a pesar de nerfeos y de ser en muchos momentos un polichinela con armadura pesada (y cara de reparar) no me he planteado nunca cambiar de main. Cuando eliges el papel en la obra lo interpretas hasta el final.

1 comentario:

  1. Genial tu historia, yo he estado 2 años dando tumbos, hasta que al final me decidí, me dije ¿por que no?, Mi condición humana me hacia rechazarlos, me hacia verlo como los malos, no era posible, como ser un Orco contra Humanos!. Quien quiere ser un Orco?, y entonces tras aburridas y aburridas tardes de paseo por Ventormenta con un Enano Paladin, lo pruebas, dices solo por probarlo...Y si lo pruebas...Fuerza y Honor!

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